La “in-seguridad” jurídica

no-lo-hagas“A fuerza de hablar de justicia se ha aniquilado el Derecho, porque no se ha respetado su esencia, que es la inexorabilidad y la invariabilidad. El reformismo del Derecho, al hacerlo inestable, mudadizo, lo ha estrangulado” (Ortega y Gasset).

 El mismo autor para ejemplificar esta reflexión cita el caso del gitano que va a confesarse y el sacerdote al preguntarle por los mandamientos, el gitano le responde: “Mire usted, padre, yo los iba a aprender, pero he oído por ahí un runrun de que los iban a quitar”. El Derecho es hoy un Runrun al servicio de la conveniencia política.

Perez Luño uno de los magníficos profesores que tuve en la facultad, apunta en su libro “La Seguridad jurídica” que junto a acepciones nobles de Seguridad jurídica y cooperación europea, hay que reconocer que  la seguridad jurídica ha servido de eufemismo encubridorde numerosas agresiones a la libertad, en nombre de las tan socorridas y prolíficas “medidas de seuridad” o de organismos de infausta memoria tales como la Dirección General de Seguridad.

Tan es así que históricamente (y actualmente) en algunos países totalitarios se ha recurrido a la dicha “seguridad jurídica” para designar a cuerpos represivos, cuya atuación constituye un dramático inventario del horror.

Tanto la teoría del Derecho como  la pretendida seguridad jurídica, no ha sido la consecuencia de una elaboracíón lógica sino el resultado de las conquistas políticas de la sociedad o mejor dicho de los dirigentes políticos en cada momento de la historia.

Sirva de ejemplo contrario el caso del Derecho tradicional en China, en donde la promulgación de leyes representa un mal, porque los individuos, al conocer dichas leyes, se arrogan derechos y tienden a prevalerse de ellos, abandonando las normas tradicionales de honestidady moral, las únicas que deben guiar su conducta. El derecho tenía una posición subsidiaria respecto de la ética confuciana que incluso veía en las leyes un signo de corrupción moral, puesto que obligan al hombre a comportamientos que, en cambio, debiera mantener por convicción propia.

Vemos, como inicio del uso actual del derecho, la situación política en la Roma de la república, en donde la creación, aplicación y conocimiento del derecho era sólo privilegio de la clase patricia, ejercido por el Colegio de los Pontífices, y que monopolizado por estos, era un arcano para el pueblo, utilizado con absoluta arbitrariedad por la citada clase social.

Más tarde, la pretendida teoría contractualista, que preconizaba limitar la ilimitada libertad humana por el pacto o contrato social, iniciada por autores como Hobbes, Locke o Kant, concibe la trasición entre el estado de la naturaleza a la sociedad como medio de superación de la inseguridad y el tránsito al Estado de la seguridad. Según dicha teoría, el ser humano sabrá a qué atenerse, será conocedor de las normas, de las consecuencias de sus actos y preveer el beneficio del ejercicio de sus derechos, tutelados por el Estado, única supra-figura legitimada para establecerlos y administrarlos. Incluso Rousseau, admite ese pacto y el paso de la libertad natural a la libertad civil, lo cual posibilitaba el paso del individuo, de “animal estúpido y limitado” a “ser inteligente y humano”.

Es ese contrato social el que ha posibilitado que los diferentes Estados en sus múltiples configuraciones se hayan valido de la tansacción de los derechos naturales de la persona, conformando sistemas de seguridad jurídica a la carta. ¿Puede existir una seguridad impuesta a través de un Derecho que garantice coactiva e inexorblemente el cumplimiento de una legalidad inícua? La manipulación de la seguridad jurídica ha sido una constante histórica, de esta forma, se han publicado leyes de discriminación racista o política, dirigidas al control opresivo de la sociedad.

El presupuesto de la llamada Seguridad jurídica, debe partir del denostado derecho natural, de la protección de los derechos y libertades indisponibles del ser humano.

Lanzamos este artículo como punto de partida de una reflexión sobre la situación actual que vivimos en la que se promulgan leyes, a diestro y siniestro en pro de derechos y libertades que conculcan estos mismos, en nuestro día a día, y de cómo son utilizadas en beneficio de los artífices de las mismas.

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